Soy de Barcelona, nacida en el barrio del Raval de familia, amorosa, sencilla, humilde, entregada, tradicional y estructurada.

En algún momento de mi vida me especialicé en ser suficiente, tuve clara mi absoluta imperfección y ésta me acompañaba en todo lo que hacía.

Así de esta forma sentí que era menos, insuficiente, que tenia alguna tara. Esta es la herida que sangra muy a menudo y que al mismo tiempo es mi motivo de autosuperación.

Yo de niña, me dispersaba constantemente y mi mayor dispersión era mi imaginación, sin saber como ni porqué la mente viajaba a lugares insospechados llenos de emociones intensas y de grandes aventuras en las que los vínculos y las relaciones eran mis temáticas favoritas.

De ahí me especialicé en dos caminos , por un lado me escapaba de la realidad cada vez que me venia en gana y volaba, y por otro lado sentía una gran conexión con el Misterio de la Vida, con la vivencia intangible de la realidad, con la vibración de lo emotivo, con la intensidad del corazón.

Hacia la adolescencia encontré mi propia familia de amigos con los que compartí vivencias durante 20 y en ese entorno se empezó a forjar mi escala de valores. La familia, la amistad y la pareja eran mis pilares seguidamente la formación profesional y muy pronto se fue instaurando en mi una gran curiosidad por profundizar en mi y en mis relaciones , tanto que se convirtió en mi camino principal.

Estudié Educación Infantil y Psicología, y pasé largo tiempo deambulando por esas gigantescas y congeladas instituciones, echando muchísimo de menos el calorcito de la manada.

A los 25 años conocí “El Espai Gestalt”, un centro de terapia gestáltica que tenía su sustento en el calor familiar. Una gran manada terapéutica.

Allí elegí hacer mi proceso de crecimiento personal, me formé como Terapeuta Gestalt y Terapeuta Corporal Integrativa. Me inicié en el mundo de la meditación y la espiritualidad. Allí también conocí la terapia Transpersonal .

En mi proceso personal en esta escuela me acompañaron dos terapeutas. Primero una mujer, Montse Coll, que me guió en un camino de transformación. Con ella cambió mi vida completamente. Rompí con muchos anclajes del pasado que me impedían el crecimiento. Fue un proceso doloroso. Recuerdo una sesión con Montse, en la que una visualización me conectó con mi propia muerte, con ella descubrí que estaba viviendo una vida sin rumbo, me sentía perdida...y ya sólo podía ir en mi búsqueda.

Fue muy liberador empezar a romper con aquella estructura rígida y conservadora. Dejar de ser la niña buena y obediente para empezar a decidir lo que de verdad deseaba.

Cinco años en compañía de Montse y en compañía del grupo de mujeres, marcaron el inicio de una nueva concepción de mí y del mundo.

Empecé a sentirme libre, sexual, vital, alegre. El proceso me dio un impulso de vida arrollador, el descubrimiento de mi energía abierta a explorar y descubrir. Enormemente agradecida a ese proceso explosivo que fue mi primer Renacimiento y reencuentro con la vida.

Tras esos cinco años de proceso y una pausa para aprender a estar sola, me encontré en un agujero negro profundo y oscuro, no entendía que sentido tenía la vida, estaba perdida. Fue ahí cuando reprendí el proceso Terapéutico con Antonio Aguilar.

Mi motivo de consulta fue: quiero saber cuál es el sentido de la vida, y juntos emprendimos un camino hacia el centro de mi ser, hacia la meditación, hacia el encuentro con la quietud y la contemplación.

En ese contemplar la vida, me encontré con mi más profunda tristeza, sensación de no merecer y todas mis carencia. Tres años de caminar por el oscuro túnel de las heridas del pasado. Respirando el dolor que se albergaba enquistado en mi corazón y que bloqueaba mi energía vital. Ir viendo todas mis dificultades ante la vida, atravesar algunas y aprender a quererme con todas esas emociones que forman parte de mi. Reconocer mi propio dolor me llevó a un lugar de unión con todos. Reconocerme como un ser más en este gran sistema que está formado. Entender que lo que me duele a mí, nos duele a todos y que encontrar la propia manera de estar en la vida pasa por darme cuenta de que tengo dificultad para estar en ella y tomarla.

Este proceso me llevó tan cerca de mí que hubo momentos en que fue insoportable sostener mi propia existencia, mi propia sencillez, mi miseria…

De nuevo la necesidad de caminar en solitario, buscar mi verdadero sentido, más concretamente la búsqueda de lo que a mi me da sentido en esta vida, la confianza en mí misma.

Así que pasados 3 años cambié el rumbo de nuevo, en busca de nuevos horizontes, había llegado el momento de dar el salto y confiar en mí misma.

Y di el salto, salté. Tras el salto me encontré cara a cara con el vacío más absoluto, el desierto. Al mismo tiempo que tenia  sensación de estar empezando a caminar de una forma más independiente, autónoma y libre.

En este proceso de individualidad , aterrizo en Mataró, en "el Centre de Desenvolupament Humà" me acompaña otro terapeuta, Antonio Gómez . Con él aprendo a llenar mis vacíos personales, mis carencias, a valorarme como individuo, a ser mi propia referencia, a buscar mi propio apoyo y mi propia manera de ser y estar. Un camino de vuelta a mí con muchísimo respeto y honestidad, dignificándome ante el mundo. Reafirmándome, como mujer, como ser humano, como un ser libre en relación, que quiero y merezco aquello que me hace sentir feliz y me llena.

Dejar de vivir en el desierto para pintar la Vida con mis propios colores. Decidir, elegir, arriesgar, tomar y soltar desde el más profundo respeto hacia mi misma y hacia algo que es más grande que yo, que fluye a través de mí y me recorre: El Amor.

Y un poquito mas cerca del amor me encuentro en este momento de la vida. Acercándome un poquito más al agradecimiento, sintiendo un poquito más la belleza, rozando el contentarme con lo que tengo, Haciendo de mi existencia un camino más amigable.

Y habiendo llegado a este punto de la vida, me siento con ganas de compartir quien soy y que puedo ofrecer al mundo.

Estas ganas de dar me vienen brotando con la llegada de la maternidad.. desde que nació Luna. Su llegada ha cambiado mi vida por completo.

Con Luna, el camino está siendo un redescubrimiento de mi yo más instintivo y un ir reconociendo mi fuerza,mis capacidades y mis potencialidades.

La maternidad está haciendo que me quiera, me valore, me respete y que por fin, ahora sí, apueste por mi.